La noche porteña tenía ornamentos de algo
oscuro sobre la Av.
Alvarez Thomas, una especie de niebla que venía desde el
espacio entre la puerta y el suelo de Gier, en Capital Federal, donde un camino
sin piedras hipnotizaba hacia el ténebre cadalso, una tarima escuetamente
enrejada hasta las rodillas donde los acordes de los cuatro ángeles del fuego
procederían a ungir las almas seguidoras del Death Metal Argentino. Para ellos,
la evangelización mediante las bienaventuranzas de una intelectual mente
enferma; para el resto, tiempo de aceptar el nuevo cielo mediante los santos de
Eternal Grave quienes convertirían cada alma indecisa en una nueva religión que
adorar.
El "Sádico Placer" de escuchar “Su
rostro deformado por el dolor, sus ojos suplicando mi compasión” ya creaba una
manifestación de cambio en el silencio de la admiración y bajo las zapatillas,
el mosaico se convertía en tierra y la barra de tragos, en tumbas de un
cementerio rodeado de árboles y soledad. Si al comenzar, las melodías llenaban
el interior propio de preguntas y miedo, la voz gutural de Yamil Yovine colgaba
a los inocentes del cuello, por el puro placer de lapidar vidas vacías.
Durante "Nazareno", la guerra entre
Dios y Satanás se sentía en los oídos sangrantes del local, tirándose a ojos
cerrados con ametralladoras que sonaban a los pies del baterista Ariel Martínez
mientras el bajo de Marcelo Parolo castigaba a la sordidez con la rudeza de las
cuerdas en "Crisálida".
En el jardín de su templo, "Un Círculo
de 11 putas", estaba dispuesto al antojo de la fuerza extrema en la guitarra de
Diego Cortese, como en el inédito muestrario de tres temas: “Secreto
Profesional” y dos más que aún no tienen título pero que hace temblar de
ansiedad.
Cuando “113, Un último suspiro”
teñía de sangre, la zona de pogo se sabía que tristemente se acercaba el final
aunque nadie quería terminar la ceremonia. El aceite se ungió en cada frente y
todos fueron con la mirada desorbitante a buscar un momento que jamás termine
cuando comenzó “Penetrando a Ursula”, el himno de aceptación.
Gracias a los nuevos dioses, la
misa no había finalizado porque se produjo un fuego interior cuando “Territory”
salió a la luz con un cierre homenaje al dueño del mundo Death, Cannibal Corpse
con “Hammer Smashed Face”.
Eternal Grave es un ejemplo en el
Death Metal latinoamericano, que hace 20 años viene remando su sueño de estar y
seguir, defendiendo lo argentino y el idioma, apostando al mundo con la raíz de
una cultura heredada y orgullosamente pronunciada. La brutalidad del gore y el
snuff en sus poesías son propias de una Arquitectura del Horror, un castillo de
encuentros entre lo real y morboso, de lo escondido y existente, de lo que es,
sucede y sucederá pero que tiene en la sociedad, un señalamiento de locura, de
aislamiento y crueldad peligrosa, solamente por cantar “Obras de una mente
Enferma”, pero lo under existe y lo rotulan por ignorancia. Su música es arte y
la exposición, una virtud propia de excelentes músicos.
Muchos querrán volver a ver pronto a Eternal Grave pero por ahora no hay fechas estipuladas porque en sus 20 años, le darán a los fanáticos la sorpresa de un 3° disco que comenzará a grabarse a fines de mayo, así que el quiera sentir el Horror en Vivo, podrá sentarse frente a la tele o la compu para disfrutar de un dvd inolvidable...

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